El verdadero problema de la disciplina no es la motivación
POR Toni Cornejo
20/04/2024
Si le preguntas a la mayoría de las personas cuál es su problema para cambiar su vida, te dirán algo parecido a esto:
“Me falta motivación.”
Creen que si estuvieran más motivados, harían lo que saben que deberían hacer.
Se levantarían antes.
Entrenarían.
Trabajarían con foco.
Avanzarían en sus proyectos.
Pero la realidad es otra.
La mayoría de las personas ya sabe lo que tiene que hacer.
No necesitan más información.
No necesitan otro libro.
No necesitan otra charla motivacional.
El problema no es saber.
El problema es hacerlo de forma consistente.
Y ahí aparece algo que casi nadie menciona.
La negociación constante con uno mismo.
La negociación invisible
Todos hemos vivido esta conversación interna.
“Hoy no pasa nada si no entreno.”
“Mañana empiezo en serio.”
“Hoy estoy cansado, mejor lo hago mañana.”
Y mañana vuelve a ocurrir lo mismo.
Lo interesante es que esta negociación no parece grave cuando ocurre.
Es pequeña.
Parece inofensiva.
Pero cuando se repite durante semanas o meses, termina teniendo un efecto enorme.
No porque no seas capaz.
Sino porque empiezas a perder algo muy importante:
confianza en tu propia palabra.
El momento en que dejas de creerte
Cuando una persona dice que va a hacer algo y no lo hace, pasa algo más profundo que simplemente no cumplir un hábito.
Empieza a romper una relación.
La relación con su propia palabra.
Al principio es sutil.
Pero poco a poco empiezas a notar algo:
Dejas de proponerte objetivos ambiciosos.
Porque una parte de ti sabe que probablemente no los vas a cumplir.
Así que reduces tus expectativas.
Y muchas personas acaban viviendo muy por debajo de lo que podrían construir, no por falta de capacidad, sino por falta de estructura.
La disciplina no aparece sola
Existe una idea bastante extendida de que la disciplina es una especie de rasgo de personalidad.
Hay personas disciplinadas.
Y otras que no lo son.
Pero la realidad es diferente.
La disciplina no aparece sola.
Se construye.
Y normalmente se construye cuando se crean estructuras que reducen la negociación interna.
Porque el problema no es que no sepas lo que tienes que hacer.
El problema es que cada día vuelves a decidir si hacerlo o no.
Y cuando todo depende de decidir cada día, la negociación siempre termina apareciendo.
Cambiar la relación con tu palabra
Cuando una persona empieza a reducir esa negociación interna, ocurre algo interesante.
Empieza a cumplir más cosas de las que dice que hará.
Y cuando eso ocurre de forma repetida, pasa algo importante:
Empiezas a confiar otra vez en tu propia palabra.
Y cuando confías en tu palabra, cambian dos cosas:
Empiezas a proponerte objetivos más grandes.
Y empiezas a avanzar hacia ellos con mucha más claridad.
No porque seas una persona distinta.
Sino porque tu estructura ha cambiado.
La pregunta importante
La pregunta entonces no es:
“¿Cómo puedo motivarme más?”
La pregunta es otra.
¿Qué estructuras necesitas para dejar de negociar contigo mismo?
Cuando esa pregunta se responde bien, muchas cosas empiezan a cambiar.